The place between words

Luis Hernández Mellizo [Bogotá, Colombia, 1978] is the new artist in residence at the BijlmAIR studio, the residency program of CBK Zuidoost in collaboration with Bradwolff Projects and Stedelijk Museum. Artists in the residency must integrate ‘Amsterdam Zuidoost’ into their art project in some shape or form, thereby building a relationship with the area.
Mellizo has chosen to reflect on the backgrounds and places that the people in the Bijlmer neighbourhood come from. This appropriately follows on from his on-going project about cultural identities and social discourses within various cities, aiming to establish connections between the work of the artist and the working class.


The title of the artist’s solo exhibition at Bradwolff Projects, ‘The Place Between Words’, refers to his exploration of cultural identities within the Bijlmer and his endeavour to distinguish something that cannot in fact be written, spoken or translated. Mellizo’s project seeks to portray a social landscape through his own experience of coexisting in the midst of the multicultural area, where he is caught between being a tourist and a newcomer.


By asking a series of questions about places, languages and words, Mellizo attempts to find a common ground in the middle of a diversity of experiences, memories and coexistences within the Bijlmer. With these questions, he encourages people in the Bijlmer to contemplate on their position in society and their own background. The artist takes this exploration of identities further by searching inside dictionaries and atlases for the words that have been written, either highlighting or physically removing material from the books, and as a result, creating another kind of language. His meticulousness in deconstructing these ‘books’ accentuates this ‘place’ that lies between the words.


The work of Mellizo is moulded around experiences and understandings of different cultures. He examines, researches and compiles information, whilst reflecting on his own situation as an artist in society. The artist’s projects tend to be characterized through the use of simple materials, such as books, newspapers, souvenirs and other mundane objects, in order to explore the meanings around cultures, societies, languages and arts. For this specific exhibition, Mellizo searches for meanings of the value of words, using books in relation to his own experience of living in Amsterdam and the diverse cultural identities that surround him.

BP




luis hernández mellizo
the place between words


Luis Hernández Mellizo (Bogotá, Colombia, 1978) is de nieuwe kunstenaar van het BijlmAIR residentieprogramma van CBK Zuidoost in samenwerking met Bradwolff Projects en het Stedelijk Museum. Alle BijlmAIR kunstenaars integreren op de een of andere manier ‘Amsterdam Zuidoost’ in hun kunstprojecten vanuit een door hen geformuleerde relatie met het gebied.Mellizo heeft ervoor gekozen om te reflecteren op de achtergronden en plaatsen waar de mensen in de Bijlmer vandaan komen. Dit werk sluit aan bij zijn lopende project over culturele identiteiten en sociale discoursen in verschillende steden, gericht op het leggen van verbindingen tussen zijn werk en een arbeidersklasse.

De titel van Mellizo’s solotentoonstelling, ‘The Place Between Words’, bij Bradwolff Projects, verwijst naar zijn verkenningen van culturele identiteiten binnen de Bijlmer en zijn streven om ‘iets’ te differentiëren dat eigenlijk niet geschreven, gesproken of vertaald kan worden. Mellizo’s project probeert een sociaal landschap te portretteren. Hij doet dit door zijn eigen ervaringen te visualiseren van naast elkaar bestaan, in het midden van dit multiculturele gebied, waarbij hij Amsterdam(-Zuidoost) ervaart zowel als toerist en als nieuwkomer. Voor deze tentoonstelling visualiseert Mellizo zijn eigen ervaring van zijn leven in Amsterdam en de diverse culturele identiteiten die hem omringen.

Door een reeks vragen te stellen over plaatsen, talen en woorden streeft Mellizo ernaar een gemeenschappelijke basis te vinden te midden van een diversiteit aan ervaringen, herinneringen en het naast elkaar leven binnen de Bijlmer. Met deze vragen moedigt hij mensen in de Bijlmer aan om na te denken over hun positie in de samenleving en hun eigen achtergrond. Mellizo onderzoekt deze verkenning van identiteiten verder in (woorden)boeken en atlassen door te zoeken naar woorden die zijn geschreven, of gemarkeerd: door zijn ingrepen creëert hij een nieuwe visuele taal. Zijn nauwgezetheid bij het deconstrueren van deze ‘taalconstructies’ benadrukt deze ‘plek’ die tussen de woorden ligt.

Luis Hernández Mellizo studeerde beeldende kunsten aan de Nationale Universiteit van Colombia in Bogotá en aan de Nationale Universiteit voor de Kunsten in Buenos Aires. Sindsdien heeft hij deelgenomen aan tal van groeps- en individuele exposities in diverse steden in Latijns-Amerika en ook internationaal. Mellizo verdeelt zijn tijd tussen Bogotá en Buenos Aires en is in staat om onafhankelijk en flexibel te werken. Hij is coördinator van La Mancha, een estafetteproject van kunstenaars om tijdelijke interventies te doen in LPEP, een kunsthuis in Buenos Aires. Hij wordt vertegenwoordigd door Galería Nueveochenta, Bogotá.

El ‘Patrimonio baldío’, de Luis Hernández Mellizo, en Bogotá


Enlace original de la nota de prensa en el periódico El Tiempo, publicado el martes  12 de febrero de 2018:

http://m.eltiempo.com/cultura/arte-y-teatro/patrimonio-baldio-en-la-galeria-nueveochenta-181810


El ‘Patrimonio baldío’, de Luis Hernández Mellizo, en Bogotá

Esta muestra que está en la galería Nueveochenta se desarrolla alrededor del trabajo como concepto.

Luis Hernández Mellizo nació en Bogotá en 1978 y estudió en la Universidad Nacional.
Por: Cultura
12 de febrero 2018 , 11:28 p.m.
Martillos, rodillos, sellos hechos con papas, hachas en miniatura, billetes y monedas forman parte de la más reciente exposición del artista bogotano Luis Hernández Mellizo (1978), como una forma de cuestionar las condiciones que definen el trabajo como concepto, el alcance de la actividad socioeconómica y la fuerza de trabajo de un individuo.

Dichos objetos no están en su estado ‘natural’, es decir, relacionados con la labor que tienen en el trabajo de un obrero, un jardinero o un constructor, sino que han sido intervenidos como una forma de revelar su carácter no capitalizable y de hablar del trabajo como una acción que se transforma.

En esta muestra, que se presenta en la galería Nueveochenta hasta el 10 de marzo, el dinero como objeto pierde su valor, como sucede con una serie de 100 monedas argentinas de un peso, ubicadas en línea recta sobre un soporte de madera que se sostiene en la pared, que lucen aplanadas.

“Es un objeto metálico que tiene una serie de inscripciones y vale un peso. Pero ¿cuál es el valor de ese peso? Es un juego de palabras, pues a ese peso le imprimí peso, como una forma de anular esa ecuación”, cuenta Hernández.

Para lograrlo, el artista puso las monedas en los rieles del tren en Buenos Aires, Argentina, país donde el artista ha desarrollado parte de su trabajo, para que este les pasara por encima y así les quitara la posibilidad de ser cambiadas.

Hernández, quien estudió Artes Plásticas y Visuales en la Universidad Nacional, también plantea una similitud entre el quehacer artístico y los oficios tradicionales, pues considera que en la sociedad actual, el arte es de difícil acceso, como que “debería haber unos conocimientos previos que impiden que circule. Por eso, trato de hacer el símil con esos otros trabajos que, generalmente, no tienen una instrucción académica, como la construcción”.

El artista no intenta ponerse en los zapatos de esos trabajadores, sino que trata de establecer un puente de paridad. Por eso considera que el artista, a diferencia de personas dedicadas a otras profesiones, se pone el overol, trabaja con la materia prima, se ensucia, hace pruebas y termina ‘un producto’, de forma tal que “el arte no funciona con la lógica que tiene otro tipo de disciplinas”.

Hernández habla de patrimonio porque los objetos iniciales que usó en su proyecto tienen una capacidad implícita de valor. Y de baldío como algo que está en potencia de algo, “como quieto, pero que eventualmente podría llegar a generar mucho, como la capacidad de ejercicio de poder de algo”.

Luis Hernández Mellizo explora significados asociados al trabajo. María Victoria Santos

Enlace original de la nota en el Periódico Arteria, publicado el domingo 28 de enero de 2018:

Un golpe periódico suena en la Sala de Proyectos de la Galería Nueveochenta —de la que cabe destacar que tiene una increíble iluminación natural—. Es breve pero contundente, lo suficientemente sonoro como para que se escuche incluso en el segundo piso. Al buscar el origen del ruido, el visitante se encuentra con una de las obras de ‘Patrimonio baldío’, la exposición individual que el artista Luis Hernández Mellizo presenta hasta el 10 de marzo.

La pieza es una paleta con manchas de pintura como la que podríamos encontrar en cualquier taller artístico, pero con una diferencia bastante llamativa: en vez de pinceles, sobre ella están una serie de herramientas de trabajo como un martillo, una pala, un rastrillo y afines, que rítmicamente suben y bajan hasta golpear con la paleta, generando el ruido.

En las paredes de la sala hay otros objetos que podrían, a simple vista, parecer atípicos en una galería: tijeras de jardinería, martillos y dos escaleras de madera. Al acercarse se ve que las herramientas fueron intervenidas, talladas con frases como “pensar es luchar”, “los artistas no tienen nada que perder”, “todo nada” y “la fuerza productiva del arte”.

“Estoy tratando de evaluar una serie de significados que tienen los objetos con los que se realizan los trabajos, las herramientas, y los significados asociados al trabajo mismo como dignidad, educación, productividad, progreso, bienestar”, dice el artista de la Universidad Nacional.

Sobre el conjunto de obras, explica que “pretenden, desde el arte, asociar la labor artística con otras labores que tienen que ver, generalmente, con acciones u oficios que se aprenden a raíz del trabajo mismo de la materia. Para mí no existen muchas diferencias a la hora de concretar, materializar o producir cosas entre estas personas que realizan estos oficios y un artista. Este tipo de trabajadores están muy relacionados con la labor y producción del artista, la diferencia es que, pienso, el artista es una especie de obrero emancipado, no tiene jefes, mientras está produciendo invierte la pirámide social simbólicamente. Esas ideas resumen este proyecto”.

Ese concepto o acto de emancipación se refiere, dice, a poner en exposición productos que son resultado de investigaciones, experiencias, comparaciones y pruebas que conducen a su producción, y que finalmente estarán expuestos a críticas positivas o negativas, a evaluaciones y al comercio, “que es bastante depredador a veces, o por ciclos”.

Para Hernández Mellizo, el arte es un producto resultado de los contextos en los que crece el artista, en los que se relaciona y se educa. “Yo creo que el trabajo de un artista, en general, no tiene nacionalidad. No creo que exista un arte colombiano o latinoamericano pero, por ejemplo, mi familia es de origen campesino, entonces traigo este tipo de pensamientos que vienen de esa familia y ese contexto, o de un barrio popular u obrero”.

Su obra vincula el ejercicio plástico con el retórico. Considera que sus piezas están pensadas desde lo visual y que la inclusión de textos es una especie de irrupción del lenguaje escrito en el lenguaje visual.

“Para mí, existe una especie de diálogo o articulación entre estas frases básicas, que no necesariamente son mías sino son adaptadas y transformadas de diferentes contextos educativos, poéticos, políticos, filosóficos o incluso desde la comedia, pero son adaptados y puestos en función a los productos visuales que estoy haciendo. Pretendo articular el lenguaje escrito con el visual pero también estoy aludiendo a otro tipo de lenguaje: el de la acción corporal, que no tiene nada que ver con la performance o con la acción, sino que hay una serie de ejercicios, de acciones, que quedan registradas visualmente en su huella”.

En ese sentido, en el segundo piso el visitante encuentra obras como, por ejemplo, un frottage, y también se muestra la placa de madera de donde fue sacado. O una larga línea de monedas de un peso argentino, deformadas por el peso. El artista las puso bajo las vías de un tren en Buenos Aires (vive y trabaja entre esta ciudad y Bogotá) y luego las recogió, cuestionando también el concepto de valor.

Además exhibe dibujos que representan herramientas u objetos tradicionales de trabajo, junto a monedas, una serie de carteles con distintas frases y pedazos del abecedario hechos con sellos de papa, y un mural acompañado de un rodillo de pintura.

Parece que la invitación en esta exhibición es a cuestionarse el significado, concepto y valor del trabajo. “Creo que estamos en una sociedad que ha desvirtuado muchas ideas básicas como bienestar o felicidad, y me parece que el trabajo que encuentre cualquier persona debería brindarle algo de eso. No puedo evaluar las vidas o los trabajos de otras personas, pero pienso que deberían estar ligados a esas ideas básicas de bienestar o felicidad, si es que existen”, dice.

Y trabajar es, precisamente, lo que seguirá haciendo este año. Hasta ahora, ha estado haciendo una serie de talleres en el marco de la exposición ‘La cosa está candela’, del colectivo Los Carpinteros en el Museo de Arte Miguel Urrutia, luego estará en Madrid en unos estudios abiertos y charlas en la Universidad Complutense,  y entre marzo y abril estará en una residencia en Ámsterdam, donde tiene planeado hacer un proyecto relacionado con libros, palabras y significados —ya había trabajado previamente con libros en su obra—.

“La ventaja de estar en una residencia es que uno tiene una idea general o principal pero puede resultar cualquier cosa. Esas residencias en las que toca estar totalmente encerrado, en la que uno debe tener un proyecto específico, cerrado, con presupuestos y tiempos, no es una residencia. Tal vez es una manera de pasar un proyecto y ser aprobado, pero se están perdiendo de lo que es realmente una residencia: la experiencia”, dice.

El trabajo de Hernández Mellizo suele caracterizarse por utilizar materiales básicos para buscar significados en torno a la cultura, sociedad, el arte, el trabajo, el valor de los objetos y el lenguaje. 'Patrimonio baldío' es su más reciente búsqueda y muestra de estos intereses.

Patrimonio baldío. María Fernanda Mancera

Patrimonio baldío
Luis Hernández Mellizo (Bogotá, 1978) 
25 de enero  - 10 de marzo

La obra más reciente de Luis Hernández Mellizo se desarrolla alrededor del trabajo como concepto, desde una perspectiva que cuestiona las condiciones que lo definen, el alcance de la actividad socioeconómica y la fuerza de trabajo de un individuo. Existe en sus proyectos un interés por preguntarse si el trabajo realmente dignifica, lo que lo lleva a reflexionar en torno al sentido del hacer con piezas que ocupan materiales básicos, se apropian de discursos sociales y plantean símiles entre el quehacer artístico y los oficios tradicionales.

En Patrimonio baldío el artista parte de objetos e imágenes que históricamente han estado asociadas al concepto de trabajo como dinero, productos agrícolas, herramientas de oficios tradicionales y simbología política, y les adiciona un nuevo significado, fundamentalmente visual, mediante el cual cuestiona las definiciones de arte, producción, valor, originalidad y legitimidad. De esta manera, establece una serie de contrastes entre las piezas originales y las intervenciones que revelan su carácter no capitalizable y hablan del trabajo como una acción que se transforma.

Dicho ejercicio muestra que tanto el valor como el sentido de los objetos vinculados a la noción de trabajo están dados por asociaciones y significados precisos y que estos se pueden anular por medio de alteraciones formales. Es así como la exposición replantea la función, el alcance y la relevancia del trabajo como concepto, al tiempo que propone una re interpretación del mismo, pues advierte que su significación es mucho más amplia que la de aquella construcción social en la que se enmarca.


Acerca de El papel del trabajo / About The role of work. Pablo Rosales

Lumpen, Trabajador, Aristócrata, todo en uno
Ser artista probablemente sea una voluntad de tornarse extranjero de todo
Autonomía y buenos precios
Trompe l´oeil
Todas las herramientas del artista son armas de doble filo
Un artista vendería su alma, pero nunca su tiempo
El artista aprende haciendo, como a todos se les da todo, sólo él sabe que no sabe (esto no se lo digas a nadie)
La pintura es el único oficio del artista, también lo es para aquellos que han sabido hacer de no-estar-pintando una singular profesión
El oficio del artista es el arte de no trabajar
-En el trabajo de Luis hay una referencia constante a la pintura-
El trabajo del artista es el oficio de no saber ningún arte. 
-En la pintura de Luis hay una referencia constante al trabajo-
El arte del artista es el trabajo de no tener oficio
El artista se mueve a gusto entre una obra en construcción y un cocktail
Todo concepto artístico referirá siempre en mayor o menor medida a la pintura de la que quiere escapar
Los artistas se encuentran en la generosa cima de una pirámide invertida, y hacia abajo, las nueve instancias del declive infernal
De haber sabido que el arte es una fiesta, no hubiera venido
Iluso
Anarquista profesional
¿Se puede escribir con aire, pintar con espacio, vivir del arte?
El papel del trabajo está ahora en sus manos.


Lumpenproletariat, worker, aristocrat, all in one
Began an artist probably means striving to become foreign to everything
Autonomy and good deals
Trompe l´oeil
All of the artist´s tools are double-edged swords
An artist might sell his soul, but never his time
The artist learns by doing and that means making everything sooner or later, only he knows that he does not know (don´t tell anyone)
Painting is the artist only trade, as it is for all those who have been able to make not-being-painting into a singular profession
The artist´s trade is the art of not working
-Luis´s work makes constant reference to painting-
The artist´s work is the trade of not knowing any art.
-Luis´s work makes constant reference to work-
The artist´s art is the work of having no trade
The artist moves at whim between a construction site and a cocktail party
Any artistic concept will, to a greater or less degree, end up making reference to the painting from which it wants to escape
Artists find themselves on the ample tip of an upside-down pyramid and, below, are the nine moments of the descent to hell
Had he known that art is a party, he wouldn´t have come
Fool
Professional anarchist
Is it possible to write with air, to paint with space, to live from art?
The role of work is now in his hands.




El papel del trabajo. Érika Martínez Cuervo

Hay en los proyectos de Luis Hernández Mellizo un pensamiento crítico sobre el trabajo como forma de vida. Enunciados plásticos que discuten el sentido histórico de la actividad productiva que ha sido establecida como única vía hacía el progreso. Y en ese marco, ubica al oficio del artista como otro más de la cadena de producción que soporta al aparato económico ordenador del mundo. Ahora, esos enunciados plásticos tienen un carácter convulso que apuntan a las inconsistencias de ese ente ordenador. Los objetos, videos y pinturas, no sólo nos están diciendo cosas sobre el arte sino también sobre las tensiones actuales entre el arte, el trabajo y la vida. Nos seduce la belleza del objeto como obra y como cosa en el mundo, lo que nos hace preguntarnos sobre el lugar de la obra de arte en el tiempo presente.

El artista asume que el trabajo es una forma de estar en el mundo, pero no una única forma. Ahí, Luis Hernández pone al artista y a su oficio en un espacio en el que pueden emerger otras posibilidades, donde es factible la reflexión sobre el sentido mismo del hacer, no solo en términos de productividad sino también de creatividad y placer. Así mismo  pone sobre la mesa el poder que tiene el arte para vaciar de sentido (de significación) aquellos conceptos aparentemente inamovibles y que están sustentados en una categoría de verdad. Nos dice entonces: es en el arte y con el arte donde pueden suceder esas cosas.

Hernández entiende así a la imagen como un constructo cultural hecho con signos, éstos mismos son los que utiliza para subvertir el lenguaje a través de piezas cargadas de una especie de humor negro y que - para completar - están siendo exhibidas en una galería de arte. La jugada resulta sospechosa, incluso insostenible, pero creo que es ese espacio impuro del pensamiento y de la interpretación el que interesa al artista. El arte con mayúsculas está refiriéndose (en esta exposición) al arte que categorizamos con minúsculas (arte-oficio). Luis Hernández alude a un hecho inevitable precisamente en uno de los espacios (la galería) que por convención institucionaliza EL ARTE. Abre entonces otro cuestionamiento: ¿para quién trabaja el artista?.

El montaje nos refuerza la paradoja[1] de la que ya es contenedora cada obra dentro de la exposición. Las herramientas que también son esculturas están apenas recostadas en la pared, desechas de su utilidad, bellamente transformadas se anulan a ellas mismas. Libros intervenidos por el artista que ya no pueden ser leídos. Un video-collage hecho de fragmentos de televisión donde nos enseñan algunas cuestiones sobre la pintura. Un muro empapelado donde han sido pintadas palabras que insisten en la premisa de la productividad (…) Cada objeto estético dispuesto nos formula ideas sobre los otros, hecho que hace surgir una polifonía corrupta sobre el papel del trabajo en el arte y sobre el lugar del arte en el sistema de producción (capitalista) que se soporta en el trabajo.
El hombre es y se reconoce en tanto es un ser trabajador. La promesa del trabajo está “garantizada” por la productividad del mismo en términos económicos. No se trabaja para sentirse mejor consigo mismo, para autosatisfacer un deseo propio, tampoco se trabaja para reflexionar sobre el mundo, ni para crear lo inútil. La maquinización y su eco producen más deseos de progreso que un progreso en sí mismo. Y por supuesto, como ustedes (espectadores) lo pueden evidenciar, esta exposición está inserta en “el sistema”, no escapa a éste. Pero en un punto sí intenta burlarlo y desmentir sus promesas (…) Ya lo decía Boris Groys en una de sus intervenciones: “la verdadera libertad es no trabajar”[2] y aquí se refiere a  “trabajar” en el sentido capitalista de la expresión (...)


Érika Martínez Cuervo
  


[1] Dicho o hecho que parece contrario a la lógica. Figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que envuelven contradicción. © Real Academia Española


[2] Expresión tomada de un artículo sobre Boris Groys en la Revista Ñ de Buenos Aires, a raíz de una visita que realizó a esta ciudad para el lanzamiento de su libro Volverse público (2014). Publicada 16.04.15.

El papel del trabajo. Daniela Cortés


El trabajo de Luis Hernández Mellizo aborda diferentes preocupaciones relacionadas con la actividad del pintor –vista desde una instancia material, histórica y conceptual– y el deber y el lugar del artista en la sociedad. Su obra se desarrolla a partir de una mirada crítica sobre el contexto local –muchas veces puesto en consideración con otros–, la resignificación de los discursos políticos y la relación entre ciudad, arte y sociedad
Coherente con su trayectoria, en los últimos años, Hernández ha realizado diversos proyectos relacionados con la reinterpretación de lo pictórico y el señalamiento de diversas problemáticas, atadas a relaciones de poder que definen las dinámicas sociales en nuestra sociedad contemporánea. En su constante pregunta por el medio en el que ha trabajado en gran parte de su carrera, el artista rescata y reivindica situaciones de la vida cotidiana, aparentemente insignificantes, que describen varios aspectos de nuestro contexto actual.
En El papel del trabajo, Hernández hace una revisión en torno al oficio del artista y se plantea una serie de cuestiones ontológicas que parten desde la idea del arte –su significado, ocupación, función– y su valor dentro de los sistemas de producción. Para esta muestra, Luis se centra principalmente en el trabajo de pintura y crea un paralelo con otros oficios que están en la base de la pirámide social. Así, desde un carácter simbólico, su obra cuestiona los alcances y las condiciones que definen el quehacer artístico.
A través de un extenso proceso investigativo, el artista nos presenta un planteamiento que encierra una noción de oficio, centrada en la capacidad de una persona para hacer un arte mecánico que le permita “hacerse una vida”. En esta serie de obras, el artista transforma herramientas comunes como palustres, escobas y brochas por pinceles o espátulas. Hernández deconstruye el significado original de los objetos para establecer una correspondencia entre el artista, el trabajador y el valor de la pintura como un acto que se pregunta por el alcance del arte en la sociedad.

Entrevista PR!VADO


Privado. Entrevistas con artistas

Iván Ordoñez: ¿Desde cuándo empieza su interés por el arte?

Luis Hernández Mellizo: Mi noción de arte es bastante amplia e involucra ideas que están directamente ligadas a la historia y a las culturas, el arte es algo de lo que uno repentinamente no se puede interesar porque siempre esta allí en la vida común y solo es cuestión de discernir y reflexionar para notarlo, el arte es una manera de pensar nuestra relación con la realidad, así puedo decir que siempre estuve interesado, desde niño me gusta algo de música, de cine y televisión, algunas lecturas, imágenes y actividades, como a toda persona; todo eso es arte y no necesariamente el que vemos en determinados espacios físicos o temporales como galerías o museos. Siempre tuve una preocupación en descomponer objetos o situaciones y ciertas habilidades en crear o transformar cosas, entonces desde que empecé mi formación en la universidad paulatinamente han ido confluyendo esas preocupaciones con esas habilidades en un intento de formar un discurso con mi obra, lo importante es que aun a los 35 años conservo ese interés.

IO: ¿Qué problemas estéticos, ideológicos o conceptuales ha desarrollado en su trabajo?

LHM: Eso lo dice la misma obra más que sobre lo que puede decir el artista en una pregunta o sobre lo que puede decir un critico, además de que evoluciona en el tiempo. En este momento el trabajo como artista lo asumo como una labor en la ausencia, cada situación que voy teniendo en mi diario vivir me lleva a repensarla y a señalar vacíos, contradicciones o prejuicios al respecto, pretendo generar interrogantes. De esta manera me interesa el arte mismo, pero también de donde viene, quien lo hace y como llega a ser eso que és. Esto quiere decir la sociedad que lo genera y que lo acepta y sus momentos y sus escenarios principalmente la ciudad. De esta manera puedo decir que mi interés péndula entre la triada arte, sociedad y ciudad; el arte y la sociedad que lo produce, la sociedad que construye ciudad y como el arte transforma la ciudad.

IO: ¿Qué técnicas, medios o lenguajes ha trabajado?

LHM: En mi caso es principalmente visual y verbal escrito, y esta determinado por el proyecto en particular que este desarrollando de acuerdo al momento histórico, el lugar y las audiencias. Mis trabajos han ido desde los procedimientos técnicos convencionales a en los que he tenido que desarrollar técnicas. Los hago yo pero también los he encargado o he recibido asesorías de personas de otras disciplinas, alguna vez también he trabajado como coordinador de obras grupales. Si reviso mi portafolio en 15 años de trabajo he hecho pintura, grabado, dibujo, fotografía, video, intervenciones en objetos, afiches, libros de artista, ensambles,  acciones, registros e inventarios.

IO: ¿Qué temáticas ha desarrollado en su trabajo?

LHM: No asumo mi trabajo de esa manera, si alguien lee mi obra así encontrara una multitud de temas, pero si la lee de manera transversal encontrara los ejes que propongo de Arte-Sociedad-Ciudad. Mi trabajo surge principalmente de una experiencia en reflexión, luego hago una revisión de tipo histórico y/o periodístico y con todo ese material empiezo a trabajar, a probar y a encontrar cosas, en todo ese proceso que sería una investigación artística tengo en cuenta consideraciones de contexto como el lugar, lo temporal, los recursos y el publico.

IO: ¿De qué manera se ha acercado al performance?

LHM: Mi trabajo tiene mucho que ver con la puesta en escena de situaciones o acciones particulares y su desarrollo en el tiempo, estas son realizadas por mi y ocasionalmente por personas que convoco e involucro, también han sido encontradas, y la manera como expongo esos trabajos es desde los objetos, desde las huellas o la documentación fotográfica o videográfica. Entonces no considero que me haya acercado al performance porque mi cuerpo no ha sido materia de la obra, sin embargo comparto la función de protesta con el que se inició antes de convertiste en técnica y lenguaje artístico

IO: Hablemos sobre sus proyectos (describir proyectos que considere relevantes)

LHM: Siempre he considerado relevantes cada uno de los trabajos que he hecho, creo que de lo contrario no los hubiera hecho. Hay algunos que han tenido mas visibilidad o repercusión que otros pero eso está por fuera del proceso de creación.
A quien este interesado siempre lo remito a el blog en donde resumo gran parte de lo que hago: http://luishernandezmellizo.blogspot.com

IO: ¿Qué artistas han influenciado su trabajo?

LHM: Todo lo que veo, me considero un buen espectador del arte y lo disfruto, en donde quiera que esté intento estar al tanto de la escena de las artes plásticas. Algunas obras me influencian por virtud y otras por desinterés o ausencia, así que ahí voy puliendo mis intereses y prioridades. En este momento me niego a hacer una lista de artistas que me han influenciado porque creo que de cada gran artista de la historia y de muchos contemporáneos he recibido influencia, mi profundización mientras estudiaba la hice en Historia y Teoría justamente por asumirlo de esa manera. También me influye mucho la cultura popular que no siempre viene de artistas.

IO: ¿Cuántas exposiciones ha tenido?

LHM: Cuento 15 individuales de las cuales 3 han sido realizadas por curadores con trabajos realizados previamente y el resto han sido desarrolladas para cada lugar determinado, sobre los lugares: 4 han sido realizadas en espacios académicos, 5 en galerías comerciales, 2 en espacios independientes, 1 en un museo y 3 en instituciones. Además de 7 exposiciones en el marco de residencias artísticas y alrededor de 50 en muestras colectivas de curadurías, bienales o salones. Dentro de todas esas exposiciones la mayoría han sido por selección en convocatorias publicas y algunas por invitación. Los lugares geográficos de las muestras son principalmente en Colombia y en años recientes en diferentes países de Latinoamérica, una que otra en otro lugar.

IO: ¿Qué artistas colombianos le interesan?

LHM: En general me interesa toda la escena artística colombiana, desde la inicial hasta la reciente, la contemporaneidad es un momento de confluencia de tiempos en el que cada discurso artístico se lee desde su origen pero también desde la actualidad en una manera sincrónica, creo que es apasionante revisar retrospectivamente el trabajo de artistas como Francisco Antonio Cano o Bernardo Salcedo y además ver propuestas que aun están en proceso de formar un discurso sobre todo trato de estar pendiente de las muestras individuales que es en donde realmente los artistas son libres de desplegar todo su proceso en el espacio de exhibición, algunas de las muestras que he visto y me han interesado son las de Esteban Zapata por su incredulidad hacia la historia que nos cuentan, Gustavo Niño por sus maneras y procesos de discutir la pintura y Natalia Castañeda por su capacidad de proyectar sus experiencias en la obra. Ellos entre muchos otros me interesan pero estos que son mas jóvenes que yo son los que creo que están en un momento particularmente interesante de su trabajo, también debo mencionar las investigaciones que ha realizado el Equipo TRansHisTor(ia)

IO: ¿Qué opina del arte colombiano?

LHM: El arte en el país tiene un buen nivel, creo que aunque todas las academias locales han tenido unos ciclos mas idóneos que otros los profesionales han tenido la capacidad de diversificarse en sus intereses y han alimentado desde distintos lugares en la creación, la teoría, la historia o la gestión a el arte en el país. Pero creo que hacen falta mas oportunidades para los artistas para su formación dentro y fuera del país, también hacen falta oportunidades transparentes y no viciadas en convocatorias de exposiciones, premios, residencias y becas y también en los pocos empleos que generan las entidades publicas.
El interés que ha tenido el contexto internacional sobre la escena local del arte ha acelerado el compromiso de los sectores públicos y privados con el arte y esto ha ayudado a garantizar la circulación de los artistas y sus obras.
En Colombia el arte debe ser visto como un espacio para la libertad, algo que le hace falta mucho a sus ciudadanos.

IO: ¿Cree que hay algo que defina una cierta colombianidad en el arte que se produce por colombianos o en Colombia?

LHM: No creo que el arte tenga nacionalidad aunque sí sus autores, es lógico que la obra que desarrolla cada artista viene de un conjunto de situaciones particulares de vida, educación y experiencias que a veces se identifican con algunas características de ciertas regiones geográficas. No creo que exista esa colombianidad pero de la misma forma que un argot el arte tiene algunas formas, estilos, procedimientos o posibilidades que dan pistas sobre sus autores. En Colombia hay cosas de buen gusto y mal gustistas (derivando en lo exótico), existe una tendencia hacia el virtuosismo y la imposibilidad de la suficiencia (al contrarios de gran parte de las obras hechas en países desarrollados)

IO: ¿Qué opina de la curaduría?

LHM: La curaduría es la consecuencia de la especialización y sofisticación académica del arte, se trata de una disciplina creativa que intenta establecer lecturas y relaciones con elementos que no necesariamente vienen del arte. La curaduría debe ser una labor responsable e independiente, tanto como el arte. En Colombia aun se encuentra en una etapa emergente porque ha sido subestimada o incomprendida y por otro lado hay artistas que la sobrevaloran y son dependientes de esa figura, y entusiastas que dicen serlo pero que no se toman el trabajo de ir a exposiciones, charlas y encuentros en talleres para conocer  la producción contemporánea, por otro lado hay algunos muy competentes, atrevidos y activos proponiendo, discutiendo y produciendo y publicando su pensamiento. El curador es al arte lo que el DeeJay es a la música.

IO: ¿Qué opina del mercado del arte?

LHM: El mercado no es uno solo; es una masa heterogénea que cambia de acuerdo a cada región geográfica y sus condiciones económicas y culturales, además dentro de una sociedad que funciona con un sistema capitalista es apenas lógico que el arte tenga un mercado también. Desde que el arte dejo de ser un producto auspiciado exclusivamente por las monarquías y la iglesia se abrió y se instauro dentro de la producción de bienes, como cualquier otro producto. Que las obras tengan un avalúo económico y se distribuyan comercialmente no es malo porque de eso es que vivimos muchos artistas, de hecho muchas veces es gracias al mercado que algunos proyectos pueden realizarse y hacerse visibles, por otro lado la demanda por tendencias o los intereses puramente económicos engañan al consumidor. La manera para que un mercado funcione es que todos los que están inmersos sean idóneos en sus trabajos, eso casi siempre se logra por medio de la educación.

IO: ¿Qué opinión tiene de las ferias de arte?

LHM: Las ferias de arte son una consecuencia del mercado del arte, resulta la explosión de la visibilidad de obras artísticas muebles, la correspondencia a la demanda que supone una cierta estabilidad económica por lo menos para ciertos grupos sociales. Las ferias pueden ser tan buenas como terribles, he visto y participado periódicamente en algunas, cuando asisto en realidad mi trabajo ya esta hecho y me preocupo en ver obras que generalmente no se ven juntas y también en disfrutar de la vida social que se desarrolla en el marco de la feria, me divierto mientras se puede.


*Esta entrevista fue promovida por Privado - Iván Ordoñez pero no fue publicada en su blog por motivos que el entrevistado desconoce, por esa razón decidió publicarla aquí.